Es francamente difícil estar en contra de curar enfermedades, pero no lo es tanto poner objeciones al “diseño de bebés”, la “fabricación controlada” de seres humanos o a una “técnica peligrosa de ingeniería genética”, de modo que las asociaciones religiosas de Reino Unido, han decidido cebarse contra esos blancos fáciles y eludir el verdadero debate bioético, que es el que trata de cómo ayudar mejor a las personas que lo necesitan.
Cada una de las 5.000 enfermedades genéticas afecta a pocas personas: constituyen el grueso de las llamadas enfermedades raras, que han sido tradicionalmente el hermano pobre de la investigación biomédica. Como estas enfermedades afectan a poca población nadie las investiga, pero su conjuntos es bastante notable. Por suerte en los últimos años esto ha cambiado.
Para la mayoría de parejas portadoras de enfermedades genéticas aún no tienen un tratamiento para eliminar o sustituir el gen defectuoso de los óvulos o los espermetazoides. La única opción que tienen los progenitores, hasta ahora, es la selección de embriones. Pero hay una minoría de enfermedades de este tipo para las que la ciencia actual permite curar el óvulo de su carga genética defectuosa.
Sustituir las mitocondrias enfermas de una
madre por las de una donante sana es una forma pionera de curar a las células sexuales de sus enfermedades genéticas y hacer nacer a un niño sano en vez de enfermo. Quien no distinga eso del “diseño de bebés” y la “fabricación controlada” de niños haría mejor en dispensarnos de su parecer.
Sustituir las mitocondrias enfermas de una madre por las de una donante sana es una forma pionera de curar a las células sexuales de sus enfermedades genéticas y hacer nacer a un niño sano en vez de enfermo. Quien no distinga eso del “diseño de bebés” y la “fabricación controlada” de niños haría mejor en dispensarnos de su parecer.

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